Cómo eliminar a las maras de un plumazo y otras fantasías animadas

Pandilleros esperan audiencia en el sótano de tribunales. (Foto: Jesús Alfonso/soy502)

Pandilleros esperan audiencia en el sótano de tribunales. (Foto: Jesús Alfonso/soy502)

Está claro que el papel todo lo aguanta. Pero si el folio donde se escribe tiene el sello del Organismo Legislativo de Guatemala, la capacidad de fantaseo parece multiplicarse.

A iniciativas absurdas de ley (como aquella que pretendía que en todo centro escolar se debía leer la Biblia por obligación) se suman otras que son, sencillamente, imprácticas. O que duplican funciones. Admito que detrás de la propuesta que hace la bancada Todos para “eliminar” a las pandillas pueda haber la mejor de las intenciones. Sin embargo, me cuesta entender por qué, cuando hay cuestiones mucho más urgentes de conocer, discutir, aprobar y definir (aló reformas constitucionales), se dedique tiempo a pretender descubrir, sin lograrlo, el agua azucarada.

Las pandillas son uno de los peores flagelos que enfrentamos los guatemaltecos. Los integrantes de los grupos Salvatrucha y M-18 extorsionan, asesinan y violan todos los días, sin darse jamás una tregua. Las víctimas de sus vejámenes suman decenas de miles en toda el país, especialmente en las zonas urbanas donde concentran sus actividades. Pero no es de un plumazo ni aprobando una ley como se suprime un complejo problema que data de décadas.

En El Salvador se les decretó la guerra, además de imponerles un sinfín de sanciones, sin que la situación mejorara o que los habitantes de sus ciudades empezaran a sentirse más seguros. Y aunque el índice de homicidios ha descendido tanto en el vecino país como en el nuestro, ello no puede atribuírsele a un éxito en el combate de las maras.

Guatemala no necesita una ley para prohibir a las pandillas. Las penas  para quienes integran estructuras criminales ya existen, recordaba hace un par de días el ex fiscal Julio Prado. El delito por el que puede procesarse a los pandilleros es el de asociación ilícita que, además, aplica para “agrupaciones ilegales de gente armada, delincuencia o grupos terroristas”. Todos en el mismo combo. Por tanto, la propuesta hecha ante el Congreso por el ex candidato presidencial Alejandro Giammattei de “declarar terroristas a los mareros” también parece redundante.  En El Salvador así lo hicieron. Y sirvió de poco o de nada.

El problema de las pandillas debe resolverse evitando que más jóvenes se incorporen a ellas. (Foto: Jesús Alfonso/soy502)
El problema de las pandillas debe resolverse evitando que más jóvenes se incorporen a ellas. (Foto: Jesús Alfonso/soy502)

La estrategia para combatir a las pandillas debería ir en dos vías. Por un lado, atacar las horrendas consecuencias de sus actos. Ningún asesinato, extorsión o violación puede quedar impune. Pero, al mismo tiempo, las políticas de Estado tendrían que orientarse hacia evitar que más jóvenes se conviertan en presas apetecibles y fáciles para los abominables líderes de las clicas.

No es mediante imposiciones de multas de 70 mil quetzales “a quienes integran una pandilla” como se soluciona esta crisis. ¿Cómo saber quién sí es y quién no? ¿Aumentará la criminalización (ya existente) contra quienes se tatúan? ¿Caerían justos por pecadores? ¿Qué pasaría con quienes ingresaron contra su voluntad? Por falta de leyes nadie se queja en Guatemala. Otra historia es que se apliquen y que se cumplan. Es ahí por donde se empieza. Me pregunto: ¿Y si primero aprueban una ley que prohíba a los políticos corruptos? ¿Será que así logramos honestidad en Guatemala? Lo dudo de verdad.

28 de abril de 2017, 05:04

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