Cráteres por doquier: el calamitoso estado de la red vial

Muchas de las más importantes carreteras del país se encuentran intransitables. (Foto: Archivo Nuestro Diario)

Muchas de las más importantes carreteras del país se encuentran intransitables. (Foto: Archivo Nuestro Diario)

Un dicho popular afirma que "el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones".

En Guatemala, el camino al paraíso está recubierto de baches. También de hoyos que se asemejan a los cráteres de la Luna. No exageran empresarios y transportistas cuando afirman que en este país estamos por alcanzar un hito: desplazarnos a la velocidad del caballo.

Las condiciones de los caminos son un peligro para las personas y los vehículos. (Foto: Archivo Nuestro Diario)
Las condiciones de los caminos son un peligro para las personas y los vehículos. (Foto: Archivo Nuestro Diario)

Si un vehículo, sea este el que fuere, llega a superar los 40 kilómetros por hora en la CA-1 debe darse por dichoso.

Una vez se alcanza la bifurcación de Cuatro Caminos hacia Totonicapán y Huehuetenango, la situación es de llorar. Recorrer los 70 kilómetros que separan Quetzaltenango de la Sierra de los Cuchumatanes le toma al conductor dos horas y media.

No exagero. Lo acabo de padecer en directo y a todo tedio. Y si ya llegó hasta ese punto, ello implica que ha superado los inútiles minutos que se pierden en Chimaltenango, ese nudo gordiano que, al parecer, ni Alejandro Magno lograría desenmarañar.

Al Ministerio de Comunicaciones Infraestructura y Vivienda (CIV) se le han asignado, aproximadamente, 29 mil millones de quetzales en los últimos cinco años. Y en esta cartera no ocurre lo mismo que con las dependencias de Salud y Educación, cuyos fondos se emplean básicamente para funcionar.

El CIV destina más del 50 por ciento de su asignación a "inversiones”. Así que en términos generales, más de 17 mil millones de quetzales debieron de haberse empleado en garantizar que en este país, productos y personas puedan movilizarse sin peligro para vehículos (o vidas). ¿Ha intentado evadir un hoyo, en curva, en una carretera de dos vías? No lo haga. Otro automóvil puede estar haciendo exactamente lo mismo y usted será incapaz de verlo.

En Almolonga, el municipio quezalteco sinónimo de producción de hortalizas y frutas, y cuyas cosechas abastecen a Guatemala y El Salvador, apenas quedan huellas de vía transitable. El resto son zanjas. Este es el mismo camino que lleva a turistas locales y extranjeros a las Fuentes Georginas en Zunil. Así, quien busca relajarse en sus aguas termales con poderes curativos, lleva consigo el estrés agregado de llegar hasta allí. 

Me comentan que la situación para llegar al Lago de Atitlán no está mucho mejor. Por el camino se observan a brigadas de voluntarios, piocha en mano, que piden la contribución de quienes pasan por el lugar para financiar los remiendos improvisados que hacen.

Los vecinos han colocado rótulos que le preguntan a los diputados distritales qué han hecho para solucionar esta crisis. Me pregunto lo mismo. Se tendrían que haber destinado 17 mil millones de quetzales en los últimos cinco años para evitar llegar hasta precariedades tan indignantes y peligrosas como las de hoy. 

Ya sabemos qué pasó con parte del dinero. Y mientras éste no pueda recuperarse, los guatemaltecos trabajadores no pueden seguir en esta situación. Vivir incomunicados es cualquier cosa menos señal de progreso. ¿Una tema para este gobierno que sea urgente de solucionar? Este es uno. Y ya vamos tarde. 

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Las opiniones publicadas en las columnas son responsabilidad del autor, no de Soy502.

05 de julio de 2017, 18:07

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