El duro golpe de EE.UU. contra la reina y el alfil del PP

Mauricio López Bonilla, a la izquierda, y Roxana Baldetti, a la derecha, están acusados de conspirar para traficar cocaína en Estados Unidos. (Foto: Jesús Alfonso)

Mauricio López Bonilla, a la izquierda, y Roxana Baldetti, a la derecha, están acusados de conspirar para traficar cocaína en Estados Unidos. (Foto: Jesús Alfonso)

Si alguien cree que va a ver de overol naranja a la ex vicepresidenta Roxana Baldetti o al ex ministro de gobernación, Mauricio López Bonilla, en una corte de Estados Unidos, debe tener paciencia.

Para que Guatemala acceda a extraditarlos, deben primero agotarse todos los procesos que tienen abiertos en Guatemala, que no son pocos.

El primer producto de las acusaciones presentadas en el Distrito de Columbia contra Baldetti y López Bonilla, por distribuir cinco o más kilos de cocaína, a sabiendas de que la droga sería luego comercializada en Estados Unidos, es un golpe político demoledor.

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Con la solicitud de extradición a Baldetti y López Bonilla, lo que las autoridades norteamericanas nos están diciendo es que el Partido Patriota tuvo, desde un inicio, el propósito de crear un narco gobierno.

Esto significa que de 2012 a 2015, el poder en nuestro país estuvo en manos de mafias que además de hacer negocios corruptos con el tesoro público, se dedicaban al tráfico de drogas.

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La acusación constituye también un respaldo a las hipótesis de los casos iniciados por el Ministerio Público y la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala, CICIG, que han afirmado, desde el primer día, que la jerarquía del PP se dedicó a organizar redes criminales desde el Estado con el propósito descarado de enriquecerse. 

La justicia en Estados Unidos no acciona en consonancia con el Congreso, el Senado o la Casa Blanca, por lo que no cabe pensar que esta sea una arremetida de la nueva administración.

Más bien, la sospecha unánime es que los procesos contra Baldetti y López Bonilla se desprenden de la confesión de la llamada “Reina del Sur” o Marllory Chacón, una declaración que posiblemente tiene con problemas de insomnio a muchas otras personas en Guatemala que hicieron negocios con ella.

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Hecha esa salvedad, las acusaciones sí constituyen un indicio más de que no habrá tregua ni consideración para los corruptos guatemaltecos. Por el contrario, tal y como parece confirmar también el encuentro del nuevo Secretario de Seguridad Nacional, John Kelly, con el jefe de la CICIG en Guatemala, la lucha contra la corrupción prevalece, bajo la atenta mirada de Washington.

De poco o nada servirán los esfuerzos –y los dinerales gastados-- para desvirtuar la acción de la justicia, pues la evidencia acumulada apunta hacia una realidad execrable: que nuestro país ha sido gobernado por mafias durante años, que la indolencia de los guatemaltecos dejó avanzar ese cáncer y que ahora lo único que queda es arrancar los brotes de metástasis, no cerrar el cuerpo de nuevo para dejar que se siga pudriendo.

En cuanto a los efectos jurídicos que cabe esperar, podría ser que viéramos un repunte de recursos maliciosos para entrampar los procesos y retardar la eventual extradición.

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En otras palabras, si Otto Pérez Molina se hizo tres quesos y medio en los últimos días para parquear el caso de la Línea, recusar al juez y alegar que hasta le duele el estómago y que el perro se comió sus declaraciones, veremos más intentos de retrasos, a la décima potencia.

Eso sí, también es posible que la acusación le afine la voz a Baldetti y a López Bonilla, para que se decidan a colaborar de forma más contundente y cuenten todo lo que saben, porque tampoco se vale que ellos paguen el pato completo mientras el auténtico jefe sale bien librado.

Si ustedes recuerdan cómo empezó el caso La Línea, el primer señalado fue el Secretario Privado de Baldetti: Juan Carlos Monzón.  A partir de ahí, se desgranó la mazorca. 

Eso es lo que debería ocurrir ahora, porque no puede ser que Otto Pérez se ría mientras su reina y su alfil son sacrificados.

*Las opiniones publicadas en las columnas son responsabilidad de su autor, no de Soy502

24 de febrero de 2017, 15:02

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