Quién es la fiscal baleada en Jutiapa que no se rinde

Carmen Maldonado había denunciado amenazas en su contra en tiempos recientes. (Foto: Cortesía Julia Maldonado)

Carmen Maldonado había denunciado amenazas en su contra en tiempos recientes. (Foto: Cortesía Julia Maldonado)

Para Carmen Maldonado, la fiscal que balearon en la cabecera de Jutiapa, justo enfrente de la Comisaría 21 de la Policía Nacional, la justicia es un compromiso personal.

Hace 18 años, a media cuadra de donde un sicario esperó sentado, con una pistola escondida, que ella saliera de su casa, dos hombres, armados con un verdugillo, emboscaron a su mamá, cuando ella se disponía a cerrar la tienda que tuvo por años frente al parque del pueblo.

Cuando doña Carmelina iba a bajar la persiana, los criminales se metieron a la abarrotería, la apuñalaron y la dejaron desangrándose en el piso. 

Doña Carmelina Cámbara con sus hijas, Julia, a la izquierda, y Carmen, a la derecha. (Foto: cortesía Julia Maldonado)
Doña Carmelina Cámbara con sus hijas, Julia, a la izquierda, y Carmen, a la derecha. (Foto: cortesía Julia Maldonado)

Eso fue antes de la vuelta del siglo, en 1999. Carmen acababa de graduarse de la Universidad de San Carlos y de ganar una plaza en la fiscalía de Jutiapa. 

Por tratarse de su mamá, ella no pudo hacerse cargo del caso. El Ministerio Público mandó a un equipo de Guatemala, como el que ahora está investigando el atentado en su contra, ocurrido la semana pasada, el 9 de febrero.

En ese entonces, lo único que pudo hacer esta fiscal de Jutiapa fue cumplir con su papel de hija y vestir el cuerpo de su mamá. Fue ella, junto a su hermana Julia Maldonado, quienes la abrazaron por última vez, quienes vieron su piel pálida, surcada por las heridas por donde la vida se le escapó. "Ver a mi mamá tendida en ese anfiteatro, eso no se puede olvidar", asegura Julia Maldonado.

Doña Carmelina Cámbara, en un retrato familiar. (Foto: Cortesía Julia Maldonado)
Doña Carmelina Cámbara, en un retrato familiar. (Foto: Cortesía Julia Maldonado)

Tal vez por eso es que en los años que siguieron, Carmen persiguió implacablemente a los sicarios de Oriente. Como directora de la Unidad de Litigios, prácticamente ella encabezó todos los juicios que se abrieron en Jutiapa en la última década.

“Ella debe haber repartido unos 500 años de cárcel por aquí”, dice la jefa de la Fiscalía de Jutiapa, Glenda Aldana.

“Ella viene temprano, se va tarde, se lleva trabajo a su casa”, indica su colega, Mirna Sandoval. “No se da por vencida nunca”.

El horror cotidiano anestesia a muchos operadores de justicia en Guatemala, acostumbrados a levantar varios cadáveres en un mismo día. Pero Carmen es inmune a la indiferencia: en cada víctima se ve a sí misma, ante el cuerpo de su madre.

Su hermano Randolfo Maldonado le ha preguntado muchas veces por qué no deja ese trabajo tan peligroso, sobre todo desde que Jutiapa quedó en medio de las rutas de la droga. Y ella siempre le ha respondido lo mismo: “porque nosotros no hubiéramos tenido consuelo si no nos hacen justicia”.

La fiscal Maldonado en una actividad de la Asociación de Mujeres Abogadas de Jutiapa, que ella preside. (Foto: Cortesía Familia Maldonado)
La fiscal Maldonado en una actividad de la Asociación de Mujeres Abogadas de Jutiapa, que ella preside. (Foto: Cortesía Familia Maldonado)

Carmen y sus hermanos fueron querellantes adhesivos del juicio contra los asesinos de su madre, pese a que el proceso estuvo plagado de dificultades y de protección política para los acusados. Al final, la evidencia prevaleció y les dieron 30 años, la pena máxima por asesinato. La sentencia no les devolvió a su mamá, pero les dio paz.

“A mi hermana, esa época la afectó mucho”, dice Randolfo. “Le reforzó su vocación”.

En Jutiapa, Carmen Maldonado tiene fama de dura. En la oficina exige que se cuiden los recursos. No firma formularios de viáticos en blanco. Pide revisiones. Le recuerda a sus colegas que robar no solo es sustraer dinero, sino haraganear o hacer el trabajo a medias. 

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Esa forma de ser no le agrada a todo el mundo, por ejemplo a los propios funcionarios que ella ha acusado de corrupción y ha sacado de la fiscalía de Jutiapa. Tampoco a algunos penalistas, defensores de mafiosos.

A ella, eso la tiene sin cuidado. “La han amenazado varias veces, pero no le importa”, cuenta su hermano Randolfo. “Dice que desde que uno nace, sabe que va a morirse”.

En la tenacidad de la fiscal, también hay rebeldía, un gusto por saber que es un obstáculo en las redes de la impunidad. “A ella le da orgullo cuando los criminales se dan cuenta que no la pueden comprar, que su convicción vale más que el dinero”, añade su hermano. 

Sus compañeros la conocen como una mujer de fe. Dios y el trabajo la sostuvieron hace unos cinco años, cuando le dio cáncer.

En Jutiapa están convencidos de que el cielo tuvo que intervenir para que no la mataran la semana pasada. Dios pero también la ley, de una manera tangible y literal. Carmen llevaba bajo el brazo dos expedientes cuando se le atravesó el sicario para impedir que abriera la portezuela del auto. Instintivamente, usó los papeles de escudo y así esquivó dos balazos. Los otros dos sí acertaron --uno en la mano y otro en el abdomen-- pero el arma del matón se trabó y cuando ya no pudo descargarla, huyó.  

A diferencia de su mamá, que sucumbió al ataque, Carmen se levantó del piso y todavía alcanzó a pedirle a su esposo que la llevara al hospital. Nunca perdió la conciencia. Entró al Hospital Nacional de Jutiapa clamando que la operaran.

El MP y el Ministerio de la Defensa se movilizaron para ayudarla y la trasladaron en helicóptero a la capital, donde se encuentra todavía en cuidados intensivos, pero estable y recuperándose.

¿Será que después de esto sí dejará el MP? Su hermano Randolfo lo duda. “Ella jugaba básquet de patoja y cuando era más aguerrida, cuando saltaba más, cuando corría más, era cuando íbamos perdiendo”.

Para el MP es vital encontrar a los responsables, materiales e intelectuales, de este ataque y asegurarse de que paguen por este atentado. 

Carmen Maldonado ha dedicado su vida a buscar justicia para los demás. Ahora, cuando la credibilidad del Organismo Judicial se encuentra casi destruida, por canallas que usan la justicia como mercancía y acaparan titulares por comportarse como criminales, la historia de la fiscal Maldonado cobra relevancia, porque ella no es la única, porque pese a las dificultades, las traiciones del propio gremio y las condiciones precarias, muchos servidores públicos como ella ofrecen su mejor esfuerzo, de forma heroica, en el más absoluto anonimato.

Es de esperar también, que la Fiscalía pueda concurrir con los gastos médicos del ataque, que son considerables.

Carmen Maldonado representa lo mejor que tiene nuestro país: la valentía, la decencia, el sacrificio.

Confío en que el liderazgo del MP sabrá responder a esta agresión con severidad, con rigor inexpulgable, con auténtica solidaridad y con toda la contundencia que les permita la ley. 

Confío que para ellos y para quienes tenemos amigos y familia que son operadores de justicia, que amamos, respetamos y admiramos por su entrega, el crimen cometido contra Carmen Maldonado también es un asunto personal.

14 de febrero de 2017, 08:02

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