La interpelación que no fue

La ministra de salud, Lucrecia Hernández, le ganó el pulso a los diputados. (Foto: Wilder López/Soy502).

La ministra de salud, Lucrecia Hernández, le ganó el pulso a los diputados. (Foto: Wilder López/Soy502).

Hemos cambiado. Un poco, al menos. No se desarrolló la cuestionada interpelación a la ministra de Salud, Lucrecia Hernández Mack.

Y eso ocurrió, en gran parte, por la presión social que se ejerció desde redes sociales, programas de opinión, tertulias de radio y movimientos sociales. 

La ciudadanía se hizo escuchar por diferentes vías. Y aunque los diputados que integran la Comisión de Salud nos dejaron en suspenso hasta el último minuto posible, incluso con la confusión añadida de que “faltaban firmas” que oficializaran lo que se supo horas antes, al final del día no hubo juicio político para la funcionaria.

La ministra se tomó una "selfie" en el despacho presidencial del Congreso, mientras esperaba ser notificada oficialmente de la suspensión definitiva de la interpelación. (Foto: Wilder López/Soy502)
La ministra se tomó una "selfie" en el despacho presidencial del Congreso, mientras esperaba ser notificada oficialmente de la suspensión definitiva de la interpelación. (Foto: Wilder López/Soy502)

El apoyo al proceso se fue desgranando de a poco. Mario Taracena, ex presidente del Organismo Legislativo, lo consideró “un chiste de mal gusto” en un tuit. Javier Hernández, jefe de bancada del partido oficial, confesó que prefería aprovechar ese tiempo para aprobar un préstamo de cobertura y calidad educativa. Y Luis Hernández Azmitia, uno de los más fuertes críticos de la ministra, también dio un giro para asegurar que la idea, ahora, será “trabajar juntos” cuando hace apenas unos días pedía, sin disimulo, la destitución de la funcionaria. Solo Marvin Orellana, congresista por Alta Verapaz y también firme detractor de la ministra, insistía en que “había perdido una batalla, no la guerra”. 

Lo sucedido en las últimas jornadas nos demuestra que, a pesar de todo, hemos avanzado en la construcción de esta sociedad. Nunca antes se había desatado un revuelo mediático semejante al generado por la interpelación de una funcionaria que, en el caso de Hernández Mack, es importante recordar, tomó posesión del cargo hace apenas ocho meses. Antes de que la plaza despertara en 2015, los ministros acosados por el Congreso vivían con “la interpelación a cuestas”. Algunos, como recordó en estos días Cynthia del Aguila, ex titular de Educación, tuvieron que trasladar, literalmente, su despacho a la 9ª. Avenida. El juicio político a del Aguila duró 121 días hábiles y el motivo detrás de éste era, en dos platos, la férrea oposición a que se profesionalizara el magisterio y los privilegios que algunos podían perder.

Experiencias como las vividas en administraciones pasadas, con interpelaciones eternas y constantes faltas de respeto, le dieron un mal nombre a esa herramienta de fiscalización, un ejercicio vital para que en una democracia funcionen pesos y contrapesos. Este instrumento técnico y político es esencial para desenmascarar a quien no haga bien su trabajo. Y esta legislatura sigue pendiente de poner a prueba el nuevo procedimiento, aprobado el año pasado, que supuestamente garantiza que el ejercicio sea claro y corto.

Sin embargo, ¿por qué hacerlo con Hernández Mack? ¿Por qué con ella que cuenta, entre otros, con el respaldo de los directores de los hospitales nacionales? ¿Le dieron tiempo acaso para echar a andar su plan? De toda esta crisis la titular de Salud sale fortalecida. La funcionaria ha dicho, todos estos días, que está dispuesta a rendir cuentas las veces que sea necesario para explicar las transformaciones que desea hacer.

Le tomo la palabra: estoy ansiosa por conocer sus avances y sus planes. Hemos cambiado. Percibo que para bien. Ojalá también cambie la manera cómo enfrentamos a la enfermedad. 

30 de marzo de 2017, 18:03

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