Y nuestros prófugos, ¿para cuándo?

El exgobernador de Veracruz fue capturado en Guatemala, el Sábado de Gloria. (Foto: AFP)

El exgobernador de Veracruz fue capturado en Guatemala, el Sábado de Gloria. (Foto: AFP)

El regalo de Pascua de la justicia guatemalteca fue la captura del exgobernador de Veracruz, Javier Duarte, en un hotel de Panajachel, el Sábado de Gloria.

Duarte es una auténtica rata y los mexicanos deben estar felices de que por fin podrán someterlo a los tribunales y juzgarlo por corrupción y enriquecimiento ilícito.

Bajo la administración de este individuo, a los niños enfermos de cáncer de Veracruz les dieron agua en vez de quimioterapia. Calculen: lo acusan de robarse 1620 millones de dólares. Por algo lo echaron del Partido Revolucionario Institucional (PRI), de lo cual se han salvado varios corruptos destacados, y llevaba seis meses prófugo.

El Ministerio Público (MP) y la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) deben tomar ejemplo de esta captura para replicar el ejercicio con los más de 20 fugados de casos sonados de corrupción.

 

Desde que el exministro Erick Archila fue detenido por una infracción migratoria en Florida, se ha escrito mucho acerca de los fallidos esfuerzos de las autoridades por buscar a esos prófugos guatemaltecos. A resultas de ello, la Fiscalía decidió poner los casos de extradición de los fugitivos bajo reserva y ya ni siquiera tenemos la capacidad de monitorear cómo van.

Sin embargo, la captura de Duarte ha puesto en evidencia que las instituciones de Guatemala cooperan cuando otros países piden que les ubiquemos a los criminales que se vienen a refugiar aquí, esperando que el mundo los olvide.

Si esto se ha logrado no es porque los policías de Guatemala se la pasan investigando a los extranjeros que están en la lista de Interpol. Según me han comentado algunos investigadores, la cosa no funciona así. Nosotros no podemos pretender que los salvadoreños, los nicaragüenses, los italianos o los estadounideneses, por sí y ante sí, se pongan a buscar a nuestros fugitivos como si se tratara de Osama Bin Laden.

Si aquí la Policía ha atrapado a prófugos importantes, como Javier Duarte, es porque desde afuera los rastrean y los ubican a tal grado que ya solo hace falta pedir la colaboración del país donde se encuentran para organizar un operativo eficaz y caerle a los delincuentes cuando andan desprevenidos. 

Lo mismo tendríamos que hacer los guatemaltecos con Alejandro Sinibaldi, Luis Mendizábal, Allan Marroquín, Jurgen Probst “El Canchón”, Baudilio Hichos, Luis Rabbé, Ronald García, Carlos Raúl y Eduardo Ruiz “Los Fuchos”, entre muchos otros. No puede ser tan difícil como para que algunos de ellos lleven meses y años "escondidos" y aquí seamos incapaces de ir a traerlos del pelo y garantizar que enfrenten las acusaciones que pesan sobre ellos.

De varios fugitivos hay sospechas de dónde se encuentran. Esa gente se comunica con su familia, incluso se deben ver, como ocurrió con Javier Duarte en Panajachel, necesitan dinero para sobrevivir. Todo eso se puede y debe investigar.

Ya demostramos que somos buenos para entregar a una rata como Javier Duarte. A ver si vamos agarrando a los nuestros, que deben andar de lo más tranquilos por el mundo, celebrando lo fácil que es burlarse de la justicia en Guatemala.

17 de abril de 2017, 05:04

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