Oda a la cama

Cuando nacemos, aún tenemos ese período de gracia en el cual permanecemos bajo la mirada y oído constante de nuestros padres, en esa especie de bolsa de canguro llamada cuna. Pero luego, la vida cruel hace que a los meses te lancen al mundo a través de tu cama.

Tu cama, es decir, cuando pasas a dormir en ella, es tu ingreso a la vida real. Es cuando, por fin, te despegas del ojo vigilante de tus padres y debes sobrevivir por ti mismo, incluyendo a esos monstruos que habitan debajo de ella.

Es cierto, la cama es ese artefacto inventado por el ser humano sedentario para dormir más cómodamente. Sí, puedes dormir en otros lados: en el sofá; en un sleeping bag en un campamento; en el bus o en el tren o en el avión durante el viaje; incluso en otra cama más lujosa, pero nunca será igual que el descanso que te proporciona tu propia cama.

Es tuya, ella te conoce. Se ha adaptado a tu cuerpo desde niño y te ha sentido crecer. Poco a poco la aprecias más, cuando te das cuenta de que no sirve solo para dormir, sino para aclarar la mente, para esconderte del mundo y de sus fantasmas y, sobre todo, para llorar.

Tu cama es como tu interior. En ella eres tú y nadie más.

¿Que también es para el sexo? A veces, aunque también está la ducha, la mesa, el jardín y cualquier lugar por extraño que parezca. El sexo y dormir es, en porcentaje de tiempo, lo menos que haces en tu cama.

La mayoría de veces la usas para tener miedo, para planificar tu día siguiente, para hacer resumen de tu día actual; también como cápsula para recuperarte de tu enfermedad y estar listo para el día siguiente; te protege del mundo. O también para rezar. A veces. Cuando tienes problemas y sabes que ya no hay esperanza. O quizá una poca. Y cuando sientes que la muerte llegará, no se te ocurre mejor lugar que estar en tu cama, si es que no estás en un hospital o la mala hora te sorprende en la calle.

Cuando te casas, lo más difícil de todo puede ser acomodarte con otra persona en una cama, que incluso podría ser nueva, diferente a la tuya. Un día o dos en otra cama, con otra persona, puede ser soportable. Pero, ¿toda la vida? Sé que hay parejas cuya separación empieza por la cama, no tanto por las malas relaciones sexuales, sino por los hábitos de sueño.

¿A qué hora se ponen de acuerdo para ver televisión en la cama? ¿Y si alguno de los dos quiere dormir? ¿O cómo consensuar el lado de la cama que quiere cada uno? ¿Se echa a la suerte? ¿O alguno de los dos cede?

Lo peor es que en cama compartida es incómodo llorar, como lo hacías en la cama de tu niñez. Y si encuentras una pareja con la que puedes llorar cómodamente en tu cama, quizá sea el gran amor de tu vida.

Total, que ya ves, que la cama marca el inicio de tu vida real. En ella, llorarás, soñarás, gritarás en silencio, te preocuparás y, de vez en cuando, dormirás.

12 de abril de 2017, 06:04

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